Viento y luz

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“Tarifa vive en el viento, pero venera la luz”, dije. A veces a mi gato hay que explicarle las cosas as√≠, en t√©rminos absolutos, para que te deje en paz. No siempre funciona, y entonces hay que entrar en aclaraciones.

“Bueno, venera una talla policromada q recibe el nombre de ‘Virgen de la Luz’ a causa de cierto incidente luminot√©cnico relacionado con su hallazgo causal. Hay otras muchas v√≠rgenes de la luz repartidas por el mundo y todas se llaman as√≠ por el mismo motivo, que es como llamar al resfriado ‘Enfermedad de la Nariz Congestionada’. Es decir, en Tarifa se venera una virgen sin nombre o con un nombre que, como poco, parece provisional. Tal vez sea una muestra de respeto: nombramos lo que nos pertenece, y tal vez la idea de poseer a la virgen madre de dios activa alg√ļn tab√ļ que bloquea nuestra capacidad nominativa.”

“Ah”, dijo el gato. En ese momento la mencionada talla pasaba bajo la ventana en la que est√°bamos, yo apoyado y √©l tumbado, los dos con la misma expresi√≥n somnolienta. El largo cortejo agr√≠cola la segu√≠a a corta distancia.

“Es una pena, porque si de verdad ese nombre significara algo, si a trav√©s de esa talla rindi√©ramos culto a la luz como fen√≥meno f√≠sico, al menos eso tendr√≠a un sentido claro. Luz. S√≥lo cuando has pasado largas temporadas fuera identificas la luz de Tarifa como algo distintivo. Yo lo descubr√≠ en una biblioteca mirando los cuadros abstractos de Fernando Z√≥bel. Me detuve en uno que me resultaba cercano, acogedor, casi propio… mir√© el t√≠tulo: TARIFA. Aqu√≠ la luz merece esa devoci√≥n.”

A nuestros pies, un jinete hac√≠a bailar a su caballo de un lado a otro. Ante la mirada de desaprobaci√≥n de mi compa√Īero de alf√©izar, tuve que asegurarle que nunca intentar√≠a obligarle a hacer el payaso. De pronto record√≥ el objeto de nuestra charla y dijo:

“Y el viento. Ahora tenemos un Cristo de los Vientos al que nadie hace mucho caso porque se le ven los pelos de los huevos y eso parece que irrita a esa parte de nosotros que a√ļn no se ha decidido a salir del armario. Con la Virgen del Carmen comisionada de los asuntos mar√≠timos tendr√≠amos la tr√≠ada perfecta. Luz, viento y mar: Tarifa. Ah√≠ tienes un esl√≥gan tur√≠stico”

“Exacto”

“Existe un cuarto elemento algo menos evidente, m√°s inasible, invisible en las postales aunque igual de caracter√≠stico. Tarifa tiene un tiempo propio. Un tiempo que fluye remansado dibujando meandros espirales o que se precipita apocal√≠ptico y ciego en el vac√≠o (y que se filtra por una grieta en septiembre). Un tiempo que no siempre circula en la misma direcci√≥n y a veces no circula en ninguna y otras veces da vueltas sobre s√≠ mismo en un bucle absurdo.”

“Bueno,” dijo el gato como queriendo zanjar la cuesti√≥n: “¬Ņentonces son siempre los mismos caballos?”

“Creo que s√≠”

Nota: escrito durante la cabalgata de 2002, segunda aportación a Tarifa-Macondo

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