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Esto lo arreglamos emplumando a los charlatanes (.org)

Partamos de lo siguiente: si esto tuviera una solución sencilla ya estaría arreglado. Basta con poner la oreja en cualquier bar para descubrir a diario varias soluciones a la crisis de una perfección y sencillez tan aquilatadas que sólo podría atribuirse a maldad congénita que los responsables de la cosa no pongan en práctica alguna de ellas. O todas.

¿Es así? ¿Son ‘los políticos’, en representación arquetípica de quienes pinchan y cortan, malvados desde la cuna y por eso se resisten a aplicar cualquiera de esas recetas maravillosas que están en boca de todos? Más bien tiendo a creer otra cosa: que las sociedades modernas hace mucho que no admiten soluciones sencillas.  Son tantos sus ángulos y tan contrapuestos sus intereses que es imposible beneficiar a unos sin joder a otros.

Y sin embargo…

Y sin embargo resulta que todo nuestro sistema económico neoliberal globalizado se asienta precisamente en una de esas recetas maravillosamente simples, perfectas en su sencillez y automatismo. En palabras del gurú neoliberal Milton Friedman, basta con ‘no poner trabas a la codicia y el egoísmo personal de cada uno’ para que el sistema de libre mercado se autorregule por arte de birlibirloque. Así de simple. Tan sencillo e infalible como la teoría de vasos  comunicantes o la gravitación universal. Lo malo es que la teoría de vasos comunicantes sólo es aplicable a líquidos homogéneos, cosa que nuestra sociedad no es; y que la gravitación universal abandonada a su ser acaba inevitablemente en agujero negro y colapso general.

Por eso cuando conocidos adalides del libre mercado en España lanzan una campaña tan inocente como que, hombre, esto lo arreglamos entre todos, es normal que uno se agite en la silla. Para empezar: ¿lo arreglamos significa lo pagamos? No os preocupéis por eso, que ya lo estamos haciendo. Es el papel que el libre mercado reserva al Estado: pagar sus platos rotos. No estorbar cuando ganan, cubrir sus pérdidas cuando la cagan. Como no tiene sentido gastar dinero en una campaña que pretende conseguir lo que ya tienen, mejor lo descartamos.

¿Están entonces abjurando de su antigua fe y realmente reclaman lo que el texto dice: que ha llegado la hora de la ciudadanía, de la res pública, del Estado, en definitiva? Y si es así, ¿en qué grado? ¿Devolveremos al país las empresas privatizadas, se disolverán los lobbys neoliberales, se asegurarán mecanismos de participación ciudadana de base reales y efectivos? Dicho de otra manera. Si esto lo tenemos que arreglar entre todos ¿qué parte os toca poner a vosotros? Porque si vuestra contribución va a ser reclamar contratos aún más ventajosos para la empresa y despido gratis… ahí no vamos juntos, muchas gracias.

Recuerda esto una campaña que (explicaba un antiguo profesor mío, aunque nunca la he visto documentada) lanzó en los EEUU una asociación similar a esta durante la antepenúltima crisis del petróleo. Descarnada, humilde y casi pedigüeña, sus anuncios decían simplemente: Buy something. Cómpreme algo, señorito. Pero a diferencia de aquella, esta no se pone abiertamente en nuestras consumidoras manos, sino que hace el ademán de arremangarse. Venga, vamos a remar todos que hay que echar a andar el bote. Bien. Pero ¿quién decide hacia adónde?

Total, que no mola. No es extraño que le hayan surgido réplicas desde diferentes posiciones, con más o menos acierto. Algunas no son más que un eslógan, otras consiguen articularse de manera más o menos espontánea, otras están aun más despistadas que la propuesta original.

Las más sorprendentes son las que critican la iniciativa desde la derecha. Para ellas esta es una campaña buenrrollista que pretende sacar las castañas del fuego al gobierno de Zapatero. Tan claro lo tienen que incluso el PP se ha opuesto con éxito a que RTVE la difunda, con la excusa de que ‘pretende animar a la gente a consumir’, y por tanto se trata de publicidad y no de una campaña de interés social (ya saben que la televisión pública tiene prohibida la publicidad). Pues claro. Estos también ha leído a Friedman y saben que la única obligación social de la empresa es aumentar sus beneficios. Lo sorprendente es que uno creía que la derecha española estaba de acuerdo con eso. De acuerdo hasta las trancas, diría yo, pero como están ahora en eso de que cuanto peor, mejor…

En definitiva: hostilidad desde la izquierda, hostilidad desde la derecha. ¿No parece una ocasión perfecta para tratar de canalizar tanta energía negativa? Porque si algo tiene esta crisis de terrible y fatal es que no estamos aprendiendo nada de ella. Una crisis ocasionada por una economía desregulada que pretende solucionarse desregulando más la economía. Lo de siempre. Cuando las cosas van bien, ganan los de siempre. Cuando van mal, ganan aún más. Y sientan las bases para aún acumular más ganancias en el futuro. Siempre el mismo truco, y siempre nos pilla mirando hacia otro lado.

Que el desparpajo de la Fundación Confianza haya conseguido hacernos mirar hacia las mangas del prestidigitador ya es algo. ¿Seremos capaces ahora de denunciar el engaño? O nos van a seguir desplumando siempre los mismos charlatanes

COMMENTS: 0
  1. marzo 17, 2010 by Marcos

    ¡Que bueno, pisha!

  2. marzo 17, 2010 by diego

    Excelente, joven. Me quito el tupé.

  3. marzo 17, 2010 by José Vicente Araújo

    Eso sería si lo tuvieras, ¿no Diego? Gracias público, os quiero.

  4. marzo 19, 2010 by Antonio J. Pan

    Gran entrada, sí señor.

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