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Mi vida con Bowie

Andaba pensando que ya ha pasado el momento de sumarme a los homenajes a Bowie que se han sucedido estos días, pero la verdad: que todo el mundo haya hecho ya su lista, artículo, desfile o lo que sea por su muerte no me parece razón suficiente para no presentar mis respetos, sobre todo teniendo en cuenta que he tenido su música bien cerca desde que era un crío.

Estos días he leído reacciones por parte de gente de toda edad y pelaje, posiblemente más de lo habitual en este tipo de casos, y por primera vez he sentido que compartía esa sensación de pérdida y agradecimiento mezclados (y que hasta ahora me habían resultado casi siempre ajenos y algo ridículos).

Así que, aparcando el lado cínico que a veces me sale (y no es que me guste), ya que no puedo asistir al desfile funerario que Arcade Fire organiza en Nueva Orleans, me limitaré a compartir mi propia lista de favoritos. Los he puesto en orden más o menos cronológico, pero no por fecha de publicación, sino ordenados según la fecha en la que esas canciones fueron importantes para mí de una u otra forma, o simplemente las escuché o bailé mucho. Aclaro que sólo algunas están en ese orden, y otras simplemente están donde es lógico que estén por fecha o tono.

Antes de comenzar me parece que hay que hacer un apunte: empecé a escuchar a Bowie con 12 o 13 años, coincidiendo con su etapa berlinesa, y las primeras canciones suyas que recuerdo son DJ y Heroes, publicadas en esos años. Hablamos de finales de los 70 en Tarifa: una ‘tienda’ de discos (tercera planta de Galerías Villanueva), con una selección digamos que bastante conservadora, complementada por los expositores de cassetes, y a veces algún disco, de Radio Serrano. Ni siquiera teníamos FM en esa época. Digo esto para señalar que cualquier relación entre la fecha de lanzamiento y la fecha en la que recibíamos la música es pura casualidad, de ahí que haya tenido que reordenar un poco la lista para que tenga algo de sentido.

Mi lista empieza con Heroes, aunque la descubrí algo más tarde porque probablemente sea la canción canónica de Bowie, aquella con la que hay que comparar las demás. No sólo eso: el vídeo que la acompañaba está a la altura de la propia canción: el cantante a contraluz, apenas bailando, guapo sin artificios (¡ni flequillo!) reafirmando esas líneas en las que canta “No somos nada y nada nos ayuda (…) pero podemos ser héroes sólo por un día”. Qué más necesita un adolescente de pueblo para adorar esa canción.

DJ sí es la primera canción que soy consciente de haber escuchado, y no se parecía en nada a la música limpia y ampulosa de moda entonces. Si juntas las dos canciones encuentras a Bowie en su mejor momento, a Brian Eno en simbiosis perfecta y a guitarristas como Robert Fripp, Carlos Alomar y Adrian Belew haciendo bastante más que acompañar al cantante… ¿Hacían falta más estímulos?

Recién entrados los 80 se estrenó en España Christiane F., en la que un concierto de Bowie forma parte de la trama. La peli me resultó muy sórdida entonces (era bastante crío) pero la música! Heroes, Station to Station, V2-Schneider

Después de esos primeros contactos y antes mis años en Sevilla (tiendas de discos dignas de ese nombre, emisoras de radio para elegir, amigos con gustos parecidos…) lo único que pude conseguir fueron singles de su etapa Thin White Duke: soul y funky pasados por el filtro particular del artista, pero nada a la altura de sus discos alemanes. Aunque Stay, de esa época, es de mis favoritas.

Ya en Sevilla, me agencié Low en cassette. Un alumno de Bellas Artes con Low en el Walkman… Añadid una lluvia fina y largos trayectos a pie. De haber tenido el pelo liso me lo hubiera teñido de naranja, por suerte tenía la cabeza como una escarola.

Cuando compré Scary Monsters el disco ya tenía tres o cuatro años y estaba a precio reducido. Aún así reunir el dinero me costó no desayunar una semana (lo siento mamá, era para algo importante). Ashes to ashes había sonado mucho en la radio y en TV, pero el resto de canciones las escuché por primera vez en el 84. Me parecía que llenaba todos los huecos entre lo que ya había oído y todo lo que esperaba descubrir de Bowie. Lo escuchaba todo el tiempo y quería que mis cuadros produjeran la misma impresión que aquella música. Hasta entonces mis referencias como artista eran obras de otros artistas (típico estudiante de Bellas Artes, que esperabas). El trabajo de traducir esas texturas ásperas y densas, ese tono brillante y oscuro a la vez de Scary… fue muy estimulante, y guardo un buen puñado de cartulinas de entonces. Ni antes ni después he conseguido pintar tanto tan rápido.

Luego pasó lo que pasó.

Let’s Dance marcó el momento supercomercial de Bowie. Lo bailaba mucho, lo escuchaba poco. No estaba mal como tentempié, pero alimentaba poco. No había otra que esperar un nuevo cambio de piel que lo devolviera a la senda, pero disco tras disco el golpe de timón no llegaba.

Así que recorrí la corriente en sentido inverso, a los discos de los primeros 70: The man who sold the world, el delicioso Hunky Dory, los años marcianos de Ziggy Stardust, un Bowie que sonaba añejo pero estaba vivo, el Bowie del rayo en la cara (manda huevos que su imagen más icónica sea la que lucía en la portada del disco que a él menos le gustaba).

Para cuando salió del boquete (Outside) me pilló mirando para otro lado. Recuerdo haber tenido en las manos Debut (el de Björk) y Outside y haberme llevado a casa a la islandesa en lugar de al viejo amigo. El desapego fue largo: seguía escuchando los discos nuevos, y me gustaban unos más otros menos, pero cuando me apetecía escuchar algo suyo me ponía discos del 80 para atrás.

Recibí con alegría The next day, que aunque no estaba exactamente a la altura de sus grandes momentos, al menos sí apetecía escucharlo entero.

Por eso hacía falta Blackstar. Blackstar sí es un GRAN álbum, y la canción que le da título es lo mejor de Bowie en décadas, con ese acercamiento al último Scott Walker (cuya influencia siempre ha estado ahí, pero que aquí se hace patente). Y Lazarus. El abuelo Bowie (69 tacos) despidiéndose de sus fans, y haciéndolo a lo grande. Y el resto del disco acompañando a esos dos aldabonazos. En serio, fue emocionante volver a verlo en forma, pensar que sería posible una vuelta a los escenarios, que hubiera más material como ese esperándonos… y entonces va y se muere. Luego supimos de su mala salud en los últimos años, de su cáncer del último año y medio…

Siempre fue un genio del marketing, pero esta jugada la leo como un sincero adiós, no como un último truco. He escuchado mucho estas canciones esta semana, como las he escuchado en los últimos 35 años y las escucharé en el futuro. Cada uno tendrá sus favoritas, serán estas u otras, serán más o serán menos. Yo quería compartir las mías y explicar siquiera un poco por qué. Yo cumplo 50 este año, muchos de mis otros héroes me sacan 20 o 30 años. Me temo que tendré que hacer este ejercicio a menudo de ahora en adelante. La mayoría seguramente los haré en privado. Este he querido compartirlo.

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