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“Que les corten la cabeza”

Varias consideraciones acerca del encarcelamiento de varios tirititeros en Madrid acusados de apología del terrorismo:

  1. Manda cojones que la agenda mediática española la impongan episodios como este.
  2. Quienes abusan de la acusación de apología del terrorismo hacen el mismo favor a sus víctimas (las del terrorismo, no las suyas propias) que quienes inventan acusaciones de violación o maltrato a las víctimas reales de tales felonías. Destinar recursos y tiempo a investigar y juzgar asuntos como este entorpece la investigación de delitos reales, e insensibiliza a la población. El cuento de Pedro y la ETA el lobo.
  3. España tiene un problema con su prensa. Una democracia sin prensa independiente es una ilusión. Y los grandes (grandes por difusión) medios de comunicación en España se pliegan tan exactamente a los intereses de sus amos que apenas cumplen su función. La manera como han atizado el incendio ocultando o desfigurando los hechos da vergüenza ajena.
  4. La corrección política es hermana de la censura. Que haya logrado asentarse sin esfuerzo que el derecho a no sentirse ofendido deba protegerse más que el derecho a opinar es síntoma de una sociedad acobardada e infantil. La reacción acomplejada del Ayuntamiento de Madrid sería decepcionante si no hubiese sido la tónica desde el primer día.
  5. ¿Los jueces leen literatura en España? ¿Lee el juez Ismael Moreno? ¿Qué lee, que tan escandaloso le parece lo representado en el guiñol de marras? Y no, por favor, no me vengan con que el problema era el público infantil, que aquí se ha decretado prisión preventiva contra dos tipos por hacer teatro. Sería tan triste que todo fuera un problema de simple y llana incultura…
  6. Pero no, lo que motiva esto es la lucha por el poder, no tanto en el Ayuntamiento de Madrid, que también, sino especialmente para enseñar al PSOE lo que puede ser un pacto sin el beneplácito de los poderes fácticos: “¿Te vas a echar novia sin pedirnos permiso? Ni de coña”.
  7. A todo esto, Albert Rivera se descuelga ayer tarde con el siguiente tuit, poco después de apoyar la detención: “En esta nueva transición debemos despolitizar la cultura, la educación o la justicia, para que sean cuestiones de estado y para todos.“. Vamos a ver. ¿Qué entiende Rivera por ‘despolitizar la cultura’? Si, como demasiado a menudo leemos y escuchamos lo entiente (erróneamente) como sinónimo de ‘dejar al margen de la lucha partidista’, el comentario contradice su postura. No me cabe duda de que los detenidos han recibido una cornada que iba destinada a los adversarios políticos de la caverna. Pero si emplea la palabra ‘política’ en su estricto sentido lo que está proponiendo es una depuración ideológica: despojar de contenido político la cultura sería, además de imposible, desarmar el pensamiento, despojarlo de utilidad social, reducirlo a adorno y espectáculo idiotizante. Más: si para despolitizar la cultura lo que se propone es encarcelar a quienes practican una cultura disidente (de la calidad que sea, que no es el tema), eso, amigos, se parece al fascismo como Pili a Mili. ¿O exagero?

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