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El valor de la cultura

d5496978aA lo largo de la última semana a Facebook le ha parecido oportuno enseñarme casi cada día en lo alto de mi timeline una nota publicada por el compañero Antonio Cádiz sobre lo que él considera éxito de la actual edición del Festival de Cine Africano de Tarifa. Probablemente las razones por las que FB piensa que la noticia me interesa son dos: me suele interesar lo que publica Antonio; los comentaristas a la nota mantienen una animada conversación sobre si tiene o no razón al considerar un éxito la 13ª edición del festival, sobre si este tipo de actos son o no beneficiosos para Tarifa, sobre la relación coste/beneficio del FCAT… Lo de ‘animada conversación’ es un eufemismo, en realidad la nota está siendo víctima de un troleo muy habitual en todas las que publica nuestro edil, bendita sea su paciencia.

Lo bueno de esto es que, no sé si gracias o a pesar de los trolls, Antonio ha llegado a una conclusión que ya estaba yo echando de menos: que la valoración de lo cultural debe evitar apoyarse sólo en argumentos economicistas. Volumen de la inversión, rentabilidad económica, tasa de ocupación hotelera, retorno de la inversión… son criterios primordiales en otros ámbitos pero no deben serlo en este. Dicho esto, reconozco que nosotros (Ganar Tarifa – Izquierda Unida) hemos sido los primeros en sacar los números en nota de prensa. Me parece un error que asumo como miembro de la Asamblea: si no me parecía oportuna debería haber opinado antes. Pero participar de la responsabilidad no me excusa de reconocer los errores, de hecho la autocrítica forma parte honrosa de la tradición de la izquierda.

¿Quiero decir con esto que tienen razón quienes afirman que el FCAT no aporta nada a Tarifa? De ninguna manera: lo que digo es que justificar la pervivencia del Festival exclusivamente por los dineros que deja y lo poco que nos cuesta es no haber comprendido el valor de la cultura y la obligación de las instituciones públicas por garantizarla en la medida de sus posibilidades. Que es precisamente lo que hace el Ayuntamiento en este caso, aunque no lo explique tan bien como yo quisiera.

Tampoco, y corro a subrayarlo, quiero decir que la cultura deba ignorar la cuestión económica. Ni debe ni puede. ¿Cómo podría obviar lo monetario una actividad profesional que se desplomó1 en el minuto uno de la crisis? La caricatura del artista hipersubvencionado que vuela de cóctail en cóctail y produce obra que sólo a él interesa es dramáticamente injusta. La mayoría de los agentes culturales apenas sobrevive dignamente, a menudo compaginando su actividad con otras que poco tienen que ver con aquella para la que se han preparado. La sociedad neoliberal ha adoptado con notable éxito el espectáculo como sustituto de la cultura. Hoy el dinero rehuye la literatura, la música de calidad o el arte y decide en cambio encumbrar personajes y productos infantilizados y ramplones. Esos son los que justifican plenamente su existencia en términos económicos: música de usar y tirar que llena estadios gracias a carísimas campañas de promoción; películas y series de gracieta casposa que permite colocar en cada hogar 20 minutos de publicidad por cada 15 de programa; best sellers calcados unos de otros con el entretenimiento como único planteamiento…

Esa concepción hipermercantilizada del producto cultural es síntoma de los modos de actuar del neoliberalismo, para el que todo es sacrificable a la acumulación rápida y masiva de beneficios.

Pero la cultura es otra cosa y debe medirse con otros parámetros. También económicos: la inversión pública en cultura debe ser medida y justificada. Pero si estamos haciendo esto sólo para llenar bares u hoteles nos estamos equivocando.

Necesitamos herramientas que nos ayuden a reflexionar sobre nosotros mismos: sobre nuestro lugar en el mundo; sobre cómo nos relacionamos con los demás; sobre a qué aspiramos; sobre qué peligros deberemos afrontar en el futuro; sobre infinidad de cosas que nos afectan de manera íntima y fundamental. Tom Waits lo dijo mejor: El mundo es un lugar infernal, y la mala escritura está destruyendo la calidad de nuestro sufrimiento. Y del resto de emociones, añado yo.

Ese debería ser el criterio que justificase el esfuerzo que supone un festival como este. ¿Nos comprendemos mejor? ¿Nos acerca a experiencias que de otro modo no podríamos conocer? ¿Nos ayuda a explicar aspectos de nuestra vida que antes no eran demasiado nítidos? ¿Nos proporciona una risa más sana y compartida, nos acerca al sufrimiento de otros?2 Pero claro, para juzgar esto habría que entrar y ver películas, abrirse a ellas e interrogarse con sinceridad, y eso es algo que algunos no están dispuestos a hacer.

El cine es una de las grandes expresiones culturales de los últimos cien años. Un arte que se está viendo fuertemente acosado por la mercantilización y la banalización que siempre acompaña a esta última. La posibilidad  de disfrutar de muestras genuinas de ese cine que aún aspira a explicar el mundo más que a vender palomitas y muñecos articulados me parece un beneficio digno de considerar. Lo demás, la verdad, me parece accesorio.


(1) Para ser precisos hay que tener en cuenta que en la actividad cultural se dan dos extremos: los ricos y los precarios. Y como en el resto de los sectores, los muy ricos hacen su agosto vendiendo en China y EEUU mientras los precarios tratan de sobrevivir como pueden.

(2) O en otro sentido: ¿Acerca un cine de calidad a nuevos públicos? ¿Ha conseguido el FCAT imbricarse en la vida cultural local? ¿Es permeable a propuestas? ¿Cuida suficientemente sus responsabilidades con ciertas causas (migraciones, dictaduras, colonialismo, Sahara…)?

COMMENTS: 3
  1. junio 04, 2016 by Agustin De La Casa

    Estupendo que este artículo introduzca el dedo en el ojo de la cultura establecida. Me sumo a lo que dices, y opinó que es un debate que apenas a comenzado o se ha comenzado varias veces (siempre desde la izquierda). Como cada vez somos màs y desperdigados, que estamos en ese interés, srá cuestión de estar atentos para intervenir en el mismo.

  2. junio 05, 2016 by charo

    Genial Vicente. Me ha encantado tu reflexión, exposición. Muy didáctica. La publicito,

  3. julio 26, 2016 by José Vicente Araújo

    Mucho me temo que es una pelea perdida de antemano, que somos poca tropa y que la cultura ha sido ocupada por el mercado hace tanto y con tanta naturalidad que haría falta algo muy gordo para sacarla de ese atolladero. Pero oye, al menos señalémoslo, que no se diga.

    Gracias a los dos

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