ABC se ¿sorprende? de que las formas de arte con más proyección de futuro que se producen en la actualidad estén poco representadas en Arco. El premio conseguido por Platoniq en Transmediale debería ser una pista clara: el mercado no es el objetivo. A veces incluso es el blanco. ¿O también debería sorprendernos que las quimeras de Eduardo Kac no triunfen en las ferias de ganado?
Dicen que el arte digital y electrónico se está integrando con fuerza en las galerías tanto nacionales como internacionales. Pero basta un paseo por ARCO y charlar con los artistas para darnos cuenta de que se confunden deseos con realidades. Si el vídeo sigue sin tener aún estatus de obra de arte (a la fotografía le costó lo suyo, aunque hoy se codee incluso con la pintura), ¿cómo pensar que el coleccionista va a decantarse por el BioArt, el software artístico, el hacktivismo o el New Media Art? Aún no hay conocimientos suficientes para entender estos lenguajes y los coleccionistas recelan de estos medios. No nos engañemos, al menos de momento, este tipo de arte no es una inversión rentable, ni segura.
